La Silla Eléctrica de la C-Suite: ¿Éxito Corporativo o Suicidio Asistido?
En la arquitectura del poder, el éxito se ha convertido en el obituario más elegante del mundo. Nos han vendido que la cima es un lugar de aire puro, pero la estadística sugiere que el oxígeno ahí arriba está saturado de cortisol y promesas de infarto. Mientras el mercado celebra el cierre de un trimestre récord, en las oficinas de la planta 40 se gesta un fenómeno que la ciencia ya no puede ignorar: la muerte por exceso de gloria.
La Estadística del Colapso (El Factor McKinsey/PwC)
No lo llamemos estrés; llamémoslo por su nombre técnico: isquemia por ambición. Según datos de la OMS y la OIT, las jornadas que superan las 55 horas se traducen en 745,000 muertes anuales. Para un analista de riesgos, esto no es una tragedia humana, es una falla crítica en el mantenimiento del activo más costoso de la organización. El líder no está dirigiendo; está consumiendo su propia esperanza de vida a una tasa de descuento que ningún fondo de inversión aceptaría.
El “Karoshi” de Guante Blanco (La Mirada Etnográfica)
En Japón lo llaman Karoshi; en Occidente lo disfrazamos de “compromiso inquebrantable”. Sin embargo, la fisiología no entiende de bonos anuales. El 96% de los directivos admite niveles de burnout crítico, operando en un estado de supervivencia donde el cerebro prefrontal —el encargado de la visión estratégica— se apaga para dejar el mando a la amígdala. Estamos ante una generación de líderes que están quemando su EET (Expertise, Experience, Trustworthiness) antes de tener tiempo de heredarla.
El Gain de la Pausa
El problema no es la carga de trabajo, es la aniquilación de la pausa táctica. Un sistema que no logra la desconexión pierde su mayor Gain: la capacidad de filtrar señales en el ruido. La toma de decisiones bajo estrés crónico no es estrategia, es pánico refinado en una suite de lujo.
Si el plan de sucesión es más sólido que el protocolo de supervivencia del titular, la organización no tiene una cabeza; tiene un mártir con una oficina cara. La verdadera inteligencia dicta que la mayor ventaja competitiva no es el algoritmo, sino el latido rítmico de un líder que ha entendido que detenerse es la única forma de seguir avanzando.
TU diagnóstico coincide con el de un activo en combustión, la solución no es un retiro; es una recalibración sistémica. Mientras el resto del mundo mide el éxito en PIB, el Reino de Bután es el único territorio que audita la Felicidad Nacional Bruta, una métrica que el C-Suite moderno ha olvidado cómo leer.
