El significado de los muros de la Biblioteca Central de la UNAM, a 57 años de su creación

Lo que muy pocos saben es que la misión inmediatamente anterior estuvo también a punto de acabar en tragedia.

5 de abril de 2013
La Biblioteca Central de la UNAM



César A. Gabriel | México
El día de hoy la historia cultural de México está de fiesta, y es que la Biblioteca Central de la UNAM cumple 57 años de haber abierto sus puertas a la comunidad universitaria. 

La construcción de la Biblioteca Central se inició en el año 1950. Fue construida en un área total de 16 mil metros cuadrados. El 5 de abril de 1956 abrió sus puertas. Contaba con un acervo de 80 mil volúmenes.

Después de 25 años de servicio se realizó la primera remodelación (1981-1983). Tuvo como objetivo concebir la interacción de los usuarios con las colecciones.

En el año 2000 se realizó una segunda remodelación y distribución del acervo. El objetivo fue recuperar la idea arquitectónica original de la planta principal y tener mejor iluminación natural.

En el 2003 se remodeló la Sala de Consulta y se amplió la sección de recursos electrónicos de información con más equipos y nueva área de servicio en el entrepiso.

Actualmente la Biblioteca Central de la UNAM tiene un acervo de 400,000 libros y cada día se actualiza incluso con las nuevas tecnologías.

El ingeniero Leopoldo Lieberman fue uno de los creadores de la Biblioteca Central de la UNAM. Todavía recuerda las dificultades que enfrentaron para levantar el edificio:

"En ese momento había que explotar mucha roca. Todo esto está sobre la roca de la erupción del volcán Xitle…”

Hoy ve con orgullo como a 50 años de su creación, el edificio de la Biblioteca Central de la UNAM luce imponente, con su mural de mosaicos.

Muro norte: el pasado prehispánico
El lado norte contiene la mayor cantidad de motivos ornamentales: próxima a la entrada de usuarios, está una monumental fuente de piedra volcánica, con una estilizada representación de Tláloc, el dios del agua de la cultura prehispánica. En el cuerpo del edificio, en los niveles correspondientes a las áreas administrativas y de servicios, se observan tres franjas de murales que alternan con vidrieras.

La primera de ellas contiene, figuras de caracoles marinos y círculos, que en la iconografía prehispánica se denominan “chalchihuites” o piedras preciosas; la segunda franja tiene como motivos ornamentales peces y signos calendáricos; la tercera, de mayores dimensiones que las anteriores, presenta dos enormes serpientes a los lados de un signo calendárico de fuego y agua. A partir del siguiente nivel se despliega el gran cubo, que es la parte correspondiente al acervo, y donde se concentraron los esfuerzos artísticos de Juan OGorman.

El mural del lado norte está dividido por un eje vertical al centro y dos ejes transversales, marcados por corrientes acuáticas de color azul, en las que aparecen canoas, peces, caracoles y culebras, elementos que hacen referencia al carácter lacustre de la antigua capital mexica, área que corresponde al actual Centro Histórico de la Ciudad de México. En las partes terminales de estas corrientes están los jeroglíficos de las principales ciudades que bordeaban el lago de México: Coyoacán, Churubusco, Iztapalapa, Xochimilco, Azcapotzalco y Tacuba.

La escena que aparece en la parte central de la composición recrea la fundación de Tenochtitlán, que tuvo lugar en el islote donde, de acuerdo a una leyenda, la tribu nómada de los mexicas descubrió un águila posada sobre un nopal, que les hace entrega de la tierra, simbolizada por una serpiente. Como testigos dos señores presiden la escena, origen y esencia de la gran ciudad capital de los mexicas. Este momento estelar de la tradición mexica es además presenciado por los tlatoanis (reyes) de México-Tenochtitlán, que aparecen distribuidos simétricamente a los lados, acompañados de sus respectivos jeroglíficos. Un detalle significativo de la escena se refiere al nopal en un cerro que lleva en su parte anterior el escudo de la guerra, y se asienta sobre las fauces estilizadas del Cipactli, el monstruo de la tierra.

Los espacios delimitados por unos ejes están llenos de figuras inspiradas en los códices nahuas, ordenadas según un orden simbólico en dos campos, uno a la izquierda y otro a la derecha del eje central. El del lado izquierdo está dominado por el sol, Tonatiuh, naturalmente aparecen deidades y escenas que en la mitología prehispánica tenían relación, con los aspectos más luminosos y positivos de la vida; el del lado derecho pertenece a la luna, las deidades y escenas que lo decoran representan al ámbito de lo negativo y tenebroso, la oscuridad y la muerte.

En la parte más alta de la mitad izquierda, junto al sol, aparece el dios benéfico Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, que lleva en su cuerpo ondulante las mazorcas de maíz y las vírgulas enlazadas que simbolizan el fuego, factores fundamentales en las culturas de Mesoamérica. Por debajo del cuerpo de la serpiente se ven dos divinidades mesoamericanas: Tláloc, el dios de la lluvia, que hace acto de presencia entre una planta de maíz situada a sus espaldas y un manantial sobre la cabeza, para transformarse en Quetzalcóatl, en su forma humana. En la parte media de esta mitad del muro norte, entre las corrientes acuáticas superior e inferior, domina la escena Tlazoltéotl, la “diosa del parto”, diosa también de la agricultura, quien es escoltada por el águila solar y el jaguar de la noche, acompañados de sus respectivos símbolos. A su derecha Ehécatl, dios del viento, sentado en el interior de un templo, sopla vigorosamente a través de un caracol. La franja inferior del mural está ocupada por músicos y danzantes que acompañan a un sacerdote principal en una ceremonia propiciatoria.

En el lado derecho, la representación de Quetzalcóatl en forma de serpiente, equilibra la composición al enfrentarse con la del lado opuesto, el dios lleva en su cuerpo discos de chalchihuites, -símbolo del jade o piedra preciosa- y secciones de caracol, además se observa una calavera que acompaña al dios Tezcatlipoca, el dios cojo, sembrador de discordias, el invisible y omnipresente dios del mal.

Atrás de él y un poco más abajo, se observa a Chalchiutlicue, diosa del agua, hermana de los dioses de la lluvia. En la parte central del mural, entre las dos corrientes acuáticas se ve la figura de Tlahuizoalpantecuhtli, el lucero de la mañana, Venus, una de las muchas advocaciones de Quetzalcóatl, y que muestra su dual presencia –la vida y la muerte- por el lado de su faceta vital levanta un bastón con la figura de un mono (ozomatli, signo calendárico). A su espalda, el jeroglífico de un cerro, rodeado de serpientes y fragmentos de cuerpos humanos, alude a diversos rituales mágicos, importantes en la cultura mesoamericana.

La decoración en la parte inferior muestra un conjunto de guerreros cubiertos de pieles de animales y armados de macanas y “chimalis” (escudos). El eje central está constituido, de arriba hacia abajo, por el sol, entre cuyos rayos inferiores unos discos sugieren un rostro de Tláloc; es decir, el calor y la lluvia, tan esenciales para la vida de aquellos pueblos y la de todos. El sol toca con uno de sus rayos un enorme cuchillo de sacrificio en el cual aparecen los dieciocho signos de los meses del calendario náhuatl. De los extremos del pedernal emergen dos manos: la de la izquierda lleva en la palma una simiente, una mazorca de maíz; la de la derecha, el chorro de sangre del autosacrificio.

En este lado norte del gran mural aparece, en el extremo inferior derecho, la firma del artista y la fecha de terminación de los trabajos: Juan OGorman 1952.

Muro sur: el pasado colonial
Esta pared está marcada formalmente por la distribución de figuras a partir de una faja o columna de motivos centrales, y de dos grandes discos a los lados; propone una visión del mundo europeo en conjunción con el indígena, y desarrolla el esquema del mundo colonial novohispano.

Presenta los fundamentos del pensamiento español en ese tiempo, marcados por la contradicción entre Dios y Demonio, entre la religiosidad y la mundanidad, como bases de la cultura.

Preside el conjunto un enorme escudo de la casa de Habsburgo, que gobernaba España en la época del descubrimiento y conquista de América, rodeado de figuras entre las que destacan las fechas de inicio y terminación del virreinato en México (1521-1820); del escudo emergen un brazo con una espada y otro con la cruz. Le sucede hacia abajo en la serie vertical de motivos, el par de Columnas de Hércules, parte del lema de la misma casa reinante (Non plus ultra); a los lados un templo griego, y más abajo un templo cristiano colonial, del que parecen salir las manos de Cristo redentor asociadas a una fortaleza y a un templo. Estos símbolos señalan la disposición de motivos en el mural: del lado derecho las armas y frutos de la guerra; del opuesto, los frutos de la cultura más o menos constructora.

En los vértices derecho e izquierdo se repiten los motivos de la luna y el sol, próximos a series de formas que recuerdan imágenes de los mundos prehispánico y colonial.

Las dos grandes circunferencias simétricas que resaltan en los dos campos laterales, hacen alusión a la concepción heliocéntrica de Copérnico y geocéntrica de Ptolomeo, presentando en sus centros las figuras de la tierra y el sol según dichas teorías, y rodeadas respectivamente por los signos del Zodíaco y los de las constelaciones. Debajo de estos discos se ven, en el mismo orden, el plano de la antigua Tenochtitlán, en la versión del mapa de Nuremberg de 1525, y la imagen del águila que cae, recuerdo de Cuahtémoc, el último gobernante mexica. En un lado de la porción izquierda se observa un escudo de León y Castilla, las dos casas reinantes de la España medieval, que se unen precisamente en los años del descubrimiento del Nuevo Mundo.

Hacia los lados y debajo de éstas hay muchas figuras que subrayan los dos aspectos de la conquista española, el civil y el religioso, destacando de uno y otro lado las figuras del conquistador Hernán Cortés y del primer arzobispo de México, Fray Juan de Zumárraga. Del lado izquierdo aparece también la escena de la quema de códices mayas, realizada por órdenes del obispo de Yucatán, Fray Diego de Landa. Enfrentado a este fragmento, en la parte baja del lado derecho se representa al soberano español otorgando a los indígenas las Leyes de Indias, teniendo como testigo un estandarte en el que aparece la imagen de la Virgen de Guadalupe.

No faltan, entre la multitud de formas, encarnaciones de ángeles y alguna del diablo, iglesitas, fortalezas, escudos, cañones, con las que OGorman hace alusión a la pintura popular, que le era tan querida.

Muro oriente: el mundo contemporáneo
El átomo en el centro de la nueva cosmovisión, aparece como el principio generador de la energía vital de los vegetales, las aves, los peces, los reptiles y el hombre, y de la energía potencial de los minerales.

En la parte superior del mural aparece nuevamente la dualidad eterna, el sol y la luna, sólo que aquí su única correspondencia simbólica es con la vida y con la muerte.

Muestra en la parte superior dos símbolos referidos a la realidad histórica del mundo contemporáneo: la estrella roja del socialismo y el libro abierto de la cultura. Una vez más OGorman recurre a las oposiciones complementarias de la realidad mexicana; coloca en el lado izquierdo al mundo obrero, industrial, transformador, y lo opone al mundo rural, tradicional, conservador. El lado izquierdo presenta la imagen de las fábricas, la producción industrial y en una banderola el lema “Viva la revolución”. En el lado derecho se ve la imagen de la casa tradicional del campesino mexicano, los frutos de la tierra y una pareja de indígenas con su vestimenta típica, que sirve de marco a la presencia del caudillo Emiliano Zapata, quien avanza a caballo acompañado de un revolucionario que enarbola una bandera con el lema que identificaba la lucha agraria de ese caudillo, “Tierra y Libertad”.

En el centro, en una alegoría, reaparece el símbolo de Cuauhtémoc, unido a la figura de la paloma de la paz, integrado a la representación del átomo y del fuego, creador y destructor. En la parte baja otra figura hunde sus raíces en la tierra, uniendo estos dos conceptos de la historia de México.

Muro poniente: la Universidad y el México actual
En la parte central, por encima del paisaje del Valle de México, domina la composición el escudo de la Universidad Nacional Autónoma de México, creado en 1921 durante el rectorado de José Vasconcelos. Arriba y a la izquierda, en las páginas de un libro abierto, aparecen las iniciales de la Biblioteca Nacional y en el lado derecho, a la misma altura, están en un pergamino las de la Hemeroteca Nacional. A este respecto vale la pena mencionar que en algún momento se propuso trasladar las colecciones de la Biblioteca y la Hemeroteca Nacionales, que se encontraban en edificios del centro de la Ciudad, a esta enorme construcción; sin embargo una serie de cuestionamientos impidió el traslado, de ahí la presencia de dichas iniciales en este lado del mural.

De la misma manera que en los anteriores lados de la edificación, OGorman define dos ejes simétricos, que a partir del gran escudo de la Universidad hacen referencia a las actividades creativas y recreativas de esta casa de estudios. Una enorme fuente, de la sabiduría, es el referente inmediato de Tláloc, la divinidad prehispánica, omnipresente en este edificio. El lado izquierdo del mural nos remite, una vez más, a uno de los aspectos más tradicionales del pueblo mexicano, la vestimenta, que es una alusión al origen popular y proletario de profesores, investigadores y estudiantes de la Universidad, así como a la permanencia y vitalidad de nuestra cultura. Se ve además una pequeña construcción piramidal, reminiscencia de los grandiosos templos prehispánicos.

La porción derecha se refiere a las diversas áreas en las que participa la Universidad: la ciencia, la técnica y el deporte; esta última actividad representada por los aros olímpicos y la leyenda de la ciudad de París, puesto que fue en ese lugar donde México, y los deportistas universitarios, participaron por primera vez. Este espacio tiene como objetivo reforzar la presencia de la Universidad en el México contemporáneo. Algunos símbolos hacen referencia al mundo contemporáneo y a la actividad cotidiana de los universitarios: sugieren dos actitudes, el estudio y la recreación; la creación del conocimiento y el entretenimiento también creativo y propositivo.

No podemos dejar de mencionar el pequeño remate del edificio, que contiene la estructura que soporta el mecanismo de los elevadores destinados a los usuarios. Cada lado está debidamente ornamentado con algunos de los motivos del enorme cubo. En el lado norte aparece una representación del rostro de Tláloc, el dios de la lluvia, enmarcado por unas manos. El lado sur presenta una enorme mano que sostiene un libro abierto, flanqueado por las cabezas de un guerrero mexica. En cada uno de los lados, oriente y poniente, hay representaciones de cabezas de guerreros prehispánicos.

Fuente: web de la Biblioteca Central